Veredictum
Un caso al día. Tú juzgas.
Caso Nº 014 · 18 de agosto de 2026
saludparejamentiras

Marcó «no» en la casilla de epilepsia para conseguir el seguro. La segunda firma del formulario es de su esposa.

Marcos empezó en la empresa de logística un lunes, después de siete años de trabajos por su cuenta, de facturas sueltas y de contestar correos en Nochebuena. El puesto venía con escritorio, sueldo fijo y, sobre todo, seguro de salud: titular, cónyuge, futuros hijos. Andrea y él llevaban dos años en Lima posponiendo justamente eso, los futuros hijos, hasta tener algo debajo, como decía ella. Esa primera noche brindaron con una cerveza compartida y ella le tomó una foto con la credencial nueva.

El paquete de afiliación llegó un viernes: folletos, carnés provisionales y una declaración de salud de cuatro páginas. Marcos la llenó solo, un martes en la noche, mientras Andrea dictaba una clase virtual en el cuarto. Fuma: no. Cirugías: rodilla, 2019. Diabetes: no. Enfermedades neurológicas, convulsiones, epilepsia: no.

Andrea lo descubrió dos semanas después, porque en esa casa ella es la que escanea todo y lo guarda en una carpeta en la nube que se llama Casa. Puso la declaración en el escáner, la vio pasar por la pantalla y volvió a la tercera página.

La epilepsia de Marcos no era un secreto entre ellos. Una pastilla cada noche, en el vaso junto al cepillo de dientes. Seis años sin una sola crisis; la última fue en un cine, antes de conocerla. El neurólogo lo veía una vez al año, le renovaba la receta y le decía que estaba mejor que él. Marcos manejaba, trabajaba, cargaba cajas, vivía.

—Marcaste que no —dijo Andrea, con la hoja en la mano.

—Marqué que no.

Lo dijo sin bajar la voz. A los veintisiete había intentado contratar un seguro por su cuenta: una aseguradora lo rechazó completo; otra le cotizó el triple, excluyendo todo lo neurológico, hasta las migrañas. Guardaba todavía el correo.

—Si declaro, no hay seguro. O hay uno que cuesta el triple y no me cubre a mí. Llevo seis años sin nada, Andrea. El médico dice que probablemente nunca más.

—Probablemente.

Andrea trabajó tres años en la administración de una clínica. Ahí vio el caso de Vanessa, una compañera: la aseguradora encontró una gastritis no declarada, de años atrás, y anuló la póliza entera. No le pagaron ni el parto, que no tenía nada que ver con la gastritis.

—Así funciona —dijo—. No investigan cuando firmas. Investigan cuando reclamas. Y si un día reclamamos cualquier cosa, lo que sea, revisan tu historia, encuentran la receta, y nos anulan todo. Lo tuyo y lo mío. Hasta lo del bebé, si algún día hay bebé.

—El sistema está hecho para dejar fuera a la gente que alguna vez estuvo enferma —dijo Marcos—. No pienso hacerles el trabajo.

—Estamos construyendo la casa sobre una mentira.

Ella le recordó que su historia clínica existía, con nombre y firma, en la clínica donde lo atendieron a los veintiséis; que cualquier análisis de sangre mostraría el medicamento. Él le recordó la mensualidad que pagaban por el consultorio de la suegra, lo que costó la rodilla en 2019, lo que costaría un parto sin seguro. Ninguno levantó la voz. Eso fue casi lo peor: los dos tenían los números de su lado.

El lunes había que entregar el sobre en recursos humanos. El domingo, Marcos cocinó tallarines rojos y no tocó el tema. Andrea revisó la última página de la declaración mientras él lavaba las ollas. Decía: declaramos bajo juramento que la información consignada es completa y verdadera. Abajo había dos líneas de firma, una para el titular y otra para el cónyuge. La primera ya estaba firmada, con la letra pareja de Marcos, la misma con la que firmaba las tarjetas de cumpleaños.

El sobre pasó la noche en la mesa, junto a las llaves. El lapicero quedó encima, donde lo dejó él. O donde lo dejó ella; a la mañana siguiente ya ninguno se acordaba.

—Estamos construyendo la casa con las puertas que hay.

¿Debe Andrea firmar el formulario?

Seguir leyendo033 · A los veintidós firmaron en una servilleta que el que ganara más pagaría un viaje si a los treinta y cinco seguían solteros. Él la puso sobre la mesa.hoy013 · Ahorró desde abril para viajar a la boda con su único traje formal. A media recepción, la novia le mandó un chal negro.sin votar012 · Su hijo ganó la feria de ciencias y el cupo al campamento. Después encontró el video del que copió la hipótesis, palabra por palabra.sin votar011 · Mandó dinero seis años para la señora que cuidaba a su sobrina. La señora no existía: era el hermano de diecisiete.sin votarVer el archivo completo →