Veredictum
Un caso al día. Tú juzgas.
Caso Nº 018 · 22 de agosto de 2026
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El edificio votó dieciséis a nueve prohibir mascotas en el ascensor. En el 3° A hay una señora de setenta y ocho con prótesis de cadera.

En el edificio Los Castaños, en Ñuñoa, la asamblea de septiembre duró tres horas y terminó con una votación: dieciséis a favor, nueve en contra, cuatro abstenciones. Quedaba prohibido que las mascotas circularan por las áreas comunes y el ascensor. Podían salir en brazos de sus dueños o por la escalera de servicio. La regla empezaba el primero de octubre. La multa, media cuota de gastos comunes por infracción.

Ivonne, la administradora, redactó el acta esa misma noche y la pegó en el hall con cuatro chinchetas, derechita, como hace todo.

En el 3° A vive doña Eugenia, setenta y ocho años, sola desde que enviudó. Su perro se llama Duque, tiene trece años, catorce kilos y una nube en el ojo izquierdo. Salen juntos a las ocho y a las seis, todos los días, al mismo recorrido: la plaza, el quiosco, la vuelta por la feria los martes. Doña Eugenia tiene una prótesis de cadera desde hace dos años. No puede cargar catorce kilos. La escalera de servicio es de caracol, queda detrás de la sala de calderas y tiene un pasamanos que se mueve.

En el 3° B viven Rodrigo y Camila con Tomás, de ocho meses. Desde julio, tres visitas a urgencias por broncoespasmo. El pediatra escribió una carta: alergia al pelo de perro, evitar espacios cerrados compartidos con animales. El ascensor de Los Castaños es del año setenta y dos, cabe una persona con dos bolsas y tarda en ventilarse. Camila leyó la carta en la asamblea con la voz pareja, sin mirar a nadie.

En el 2° B vive Luis, panadero. Entra a trabajar a las once de la noche y vuelve a las siete de la mañana. Duerme de día, o lo intenta: Duque ladra al cartero, al gásfiter, al timbre del gas, a los volantes que pasan por debajo de las puertas. Luis llevó a la asamblea una libreta con fechas y horas, dos meses de registros. Es el mismo Luis que los domingos deja una bolsa con marraquetas colgada en la puerta del 3° A, sin tocar, desde hace años.

Doña Eugenia fue a la asamblea, pidió la palabra y dijo solamente que Duque ya estaba viejo, que ella también, y que a ver quién le explicaba al perro lo del ascensor. Algunos se rieron. Después se votó.

La primera multa llegó el tres de octubre, con una foto en el chat del edificio: doña Eugenia y Duque saliendo del ascensor a las ocho y diez. La segunda, el nueve. Doña Eugenia no pagó ninguna y siguió saliendo a las ocho y a las seis, con el carnet de vacunas de Duque en el bolsillo del delantal, como si sirviera de algo.

El lunes, Luis se cruzó con doña Eugenia en el hall. Venía saliendo del turno, con harina en los zapatos. Se agachó, le rascó el cuello a Duque y dijo, sin mirarla:

—Yo llego todos los días a las siete. Si quiere, lo bajo yo por la escalera y usted lo espera abajo. De subirlo, vemos.

—¿Y usted cuándo duerme, mijo? —dijo doña Eugenia.

—Ese es otro tema —dijo Luis.

Rodrigo pidió una asamblea extraordinaria para el jueves: ratificar la norma o hacer una excepción con el 3° A. Ivonne imprimió las citaciones y las repartió puerta por puerta. En la del 3° A se quedó un momento con la mano levantada, sin tocar, oyendo del otro lado las uñas de Duque sobre el parqué. Después pasó el papel por debajo de la puerta, como en todas.

El jueves a las siete empezaba la asamblea.

En el chat, el del 5° C escribió que las reglas se votaron entre todos y que nadie está por encima de una votación. La del 1° A contestó que la señora lleva cuarenta años en el edificio, más que el ascensor. Camila escribió: "Yo no voté contra un perro, voté por mi hijo", y después borró el mensaje.

¿La asamblea del jueves debe hacer la excepción con el 3° A?

Seguir leyendo033 · A los veintidós firmaron en una servilleta que el que ganara más pagaría un viaje si a los treinta y cinco seguían solteros. Él la puso sobre la mesa.hoy017 · Compró seis boletos con su tarjeta, como siempre. El único que no pagó acaba de quedarse sin trabajo, y la reventa los ofrece al doble.sin votar016 · Le pidió cuidar a su hijo veinte minutos. Dos horas después, su teléfono seguía apagado.sin votar015 · Se fue a Querétaro por el trabajo que llevaba dos años pidiendo. El casero descontó los dos meses del cuarto vacío del depósito de los tres.sin votarVer el archivo completo →