Veredictum
Un caso al día. Tú juzgas.
Caso Nº 021 · 25 de agosto de 2026
amistaddineronegocios

Le prestó tres meses de sueldo a su mejor amigo sin firmar nada. Catorce meses después necesita el dinero, y devolverlo mata la marca.

La marca se llamaba Baldío y la idea nació, como todas las ideas de Nico, en una sobremesa. Poleras estampadas con diseños de un amigo ilustrador, producción local, nada de copiarle a nadie. Tomás fue el primero en escucharlo completo y el primero en decirle que sí podía funcionar. Se conocían desde los doce años. Cuando Nico le pidió el préstamo, Tomás llevaba un año exacto en su primer trabajo y tenía ahorrado el equivalente a tres meses de sueldo, guardado en una cuenta aparte que no tocaba nunca.

Se lo transfirió un domingo por la noche, en dos partes porque la aplicación no dejaba tanto de una vez. Nico le ofreció firmar algo. "Entre nosotros no hace falta", dijo Tomás, y le dio vergüenza hasta la idea. Quedaron, de palabra, en devolución "cuando la marca camine", que en la sobremesa sonaba a seis meses.

Habían pasado catorce. Y no era que a Nico le fuera mal, exactamente. Era peor que eso: le iba lento. Vendía en ferias de diseño los fines de semana, despachaba él mismo los pedidos en micro para ahorrarse el envío, se levantaba a las seis. Cada peso que entraba lo reinvertía: más tela, un estampado nuevo, publicidad en Instagram. "Si te pago ahora, mato la marca", le decía a Tomás, y le mostraba la planilla, que era prolija y verdadera. "Es como desenchufar el ventilador para que gire más rápido".

Tomás no le cobraba. Preguntaba, que es distinto, o eso se decía. Una vez al mes, con chistes. Nico siempre contestaba, nunca se escondía, y en cada cumpleaños de Tomás llegaba con una polera edición especial, "la primera de la tirada", que Tomás guardaba sin saber si era un regalo o un abono.

En marzo apareció el curso. Una certificación que en la empresa de Tomás valía plata: los dos compañeros que la tenían habían subido de cargo en menos de un año. La inscripción cerraba a fin de mes y costaba, casi exacto, lo que dormía en la cuenta de Nico. Tomás hizo el cálculo tres veces esperando que le diera otra cosa.

Se juntaron un jueves. Tomás lo dijo sin vueltas, mirando la mesa: necesitaba la plata, no toda quizás, pero sí la mayor parte, y la necesitaba este mes. Nico se quedó callado un rato largo.

—Te puedo juntar la mitad si no compro la tela de invierno —dijo al fin—. Pero sin colección de invierno, Baldío no llega a septiembre. Y ahí sí no te devuelvo nunca.

—Llevas catorce meses diciendo versiones de eso.

Esa noche, revisando historias sin pensar, Tomás vio el teléfono. Nico subía las fotos de los pedidos con un celular nuevo, de los caros, el modelo que Tomás no se compraba precisamente porque estaba ahorrando de nuevo. Lo miró más rato del necesario. Al día siguiente se lo preguntó derecho, odiándose un poco por preguntarlo.

—Me lo regaló mi papá para mi cumpleaños —dijo Nico, sin ofenderse, o sin mostrar que se ofendía—. ¿Querís ver la boleta?

—No —dijo Tomás.

—Con el otro no podía ni sacar fotos del catálogo. Esto es una herramienta, Tomás.

—Te dije que no.

Se despidieron como siempre, con abrazo. En la micro de vuelta, Tomás pensó que el papá de Nico también le habría prestado plata para la marca, si Nico le hubiera pedido a él primero. Pensó en por qué no le pidió a él primero. No llegó a ninguna parte.

El domingo, Nico le escribió a las once de la noche. Un mensaje largo, sin chistes. Decía que había estado sacando números todo el fin de semana. Que tenía dos opciones y las dos dependían de Tomás: le liquidaba el stock completo a precio de costo esta semana y le devolvía casi todo, o Tomás aguantaba hasta diciembre y se llevaba lo suyo más un diez por ciento. "Tú decide", terminaba. "Lo que me pidas, eso hago. Pero pídemelo tú".

Abajo, la aplicación mostraba la fecha límite de la inscripción: viernes.

Tomás dejó el teléfono boca abajo.

—Porque llevo catorce meses siendo verdad.

¿Qué debe pedirle Tomás: liquidar el stock esta semana o esperar a diciembre?

Seguir leyendo033 · A los veintidós firmaron en una servilleta que el que ganara más pagaría un viaje si a los treinta y cinco seguían solteros. Él la puso sobre la mesa.hoy020 · Vio al esposo de su prima besando a otra mujer en Monterrey. El viernes firman el crédito de la casa, y el empleo se lo debe a él.sin votar044 · Su papá solo dijo "Okey". Era su cumpleaños, y él tenía boletos para el concierto del año.sin votar018 · El edificio votó dieciséis a nueve prohibir mascotas en el ascensor. En el 3° A hay una señora de setenta y ocho con prótesis de cadera.sin votarVer el archivo completo →