Veredictum
Un caso al día. Tú juzgas.
Caso Nº 030 · 3 de septiembre de 2026
dueloperrosfamilia

El abuelo murió y dejó un perro de once años con el corazón agrandado. La nieta quiere llevárselo a un edificio donde no se aceptan mascotas.

Canelo espera junto a la puerta del apartamento como esperó siempre: sentado, las orejas a media asta, el rabo barriendo el parqué cuando reconoce pasos en la escalera. Tiene once años y el color exacto de su nombre. El sábado después del entierro de don Julio, la familia entera pasó por encima de él con cajas, y Canelo se corrió apenas lo necesario, como quien ya vio muchas mudanzas.

En ese apartamento de Montevideo había dos pastilleros: el de don Julio y el de Canelo. El del perro sigue activo. Corazón agrandado, dijo el cardiólogo veterinario, una pastilla de mañana y otra de noche, control una vez al mes. Un gasto que don Julio pagaba recortando de otras cosas. "El perro come antes que yo", decía, y no era del todo un chiste.

El problema apareció el mismo sábado, entre cajas. Andrés, el hijo mayor, vive en un edificio que no acepta perros, y él mismo está en la comisión que redactó el reglamento. A la tía Norma le encantaría, pero su marido es alérgico hasta las lágrimas, literal. El tío Fernando viaja por trabajo la mitad del año y ni siquiera tiene plantas.

—Me lo llevo yo —dijo Camila.

Tiene veinticuatro años y vivió con el abuelo durante un año entero, cuando le quedaba cerca la facultad. Canelo dormía cruzado en la puerta de su pieza. Ahora alquila un apartamento chico donde el reglamento prohíbe mascotas, cosa que ella misma admitió antes de que se lo preguntaran.

—Nadie dice nada si sos discreto. La del cuarto tiene dos gatos y el del fondo un salchicha que ladra más que el timbre.

—O sea que dependés de que nadie se levante cruzado un día —dijo Andrés.

Camila trabaja tres días desde su casa. Hizo las cuentas en el teléfono delante de todos: con su sueldo, el primero de su vida, puede pagar la pastilla si deja el gimnasio y alguna otra cosa que no especificó.

Los adultos tienen otra propuesta. La prima de una compañera de Norma vive en Las Piedras, casa con fondo de pasto, dos chicos, ya criaron dos perros hasta viejos. Vieron fotos de Canelo y quedaron encantados. Los tíos ofrecen seguir pagando el tratamiento entre todos, eso no se discute.

—Por el bien del perro —dijo Norma—. Once años, el corazón así, y vos lo querés meter en un apartamento donde ni siquiera puede existir oficialmente. Allá va a tener pasto y gente todo el día.

—¿Y si a los seis meses la pastilla les parece un lío? Es gente que no conocemos.

—La pagamos nosotros.

—¿Y en tres años también? ¿Y quién lo lleva al control?

Nadie contestó rápido.

—El abuelo decía que Canelo no salía de la familia —dijo Camila.

—El abuelo decía muchas cosas —dijo Andrés, despacio—. No lo dejó escrito.

Hay detalles que no ayudan a ordenar el asunto. Norma, la de la casa imposible, fue la que llevó a Canelo al control esta semana y pagó sin comentarlo; se supo porque la veterinaria mandó el recibo al grupo. Andrés repite que los reglamentos existen por algo, pero hace dos sábados alguien vio la manta de Canelo doblada en el asiento de atrás de su auto, y él dijo que era para que el perro no esperara en el piso frío mientras se decidía.

Quedaron en algo: la familia de Las Piedras viene el sábado a las once a conocerlo, sin compromiso, y el domingo se resuelve entre todos.

El viernes de noche le tocaba a Camila darle la cena. Trituró la pastilla en el arroz, como le enseñó el abuelo, y se quedó mirando cómo Canelo comía sin apuro. Después el perro se echó con la cabeza apoyada en sus championes y se durmió ahí. Ella le sacó una foto y la puso de fondo de pantalla.

El sábado a las diez y media estacionó frente al edificio del abuelo con la manta en el asiento de atrás y el bolso de las pastillas ya armado. Faltaba media hora para que llegara la familia del pasto.

—Casi nada dejó escrito, y todo lo demás igual lo estamos respetando.

¿Camila debe llevarse a Canelo hoy?

Seguir leyendo032 · Su hija embarazada le dejó una orden de laboratorio bajo el salero. Si él no se hace el análisis, a ella le toca una aguja en el vientre.hoy029 · Los papás de ella pagan el departamento y su mamá tiene copia de la llave. Él encontró un monoambiente que pueden pagar solos.sin votar028 · Llevaba seis meses arrendando por día la casa que construyó su papá. Sus hermanos lo supieron por una amiga que la reservó para el dieciocho.sin votar027 · La novia de uno «no vive ahí», pero se queda cinco noches por semana. Llegó la cuenta del gas y alguien hizo una tabla.sin votarVer el archivo completo →