Veredictum
Un caso al día. Tú juzgas.
Caso Nº 005 · 9 de agosto de 2026
amistadtrabajolealtad

La pusieron en la misma terna que su mejor amiga. Después le pidieron el informe comparativo de los tres candidatos.

Los viernes, Sandra y Gina almuerzan en el mismo restaurante de la carrera trece, en Bogotá. Sopa, seco, jugo de lulo. Pagan por turnos y llevan esa cuenta con una seriedad que no le ponen a casi nada más. El ritual empezó hace dos años, la primera semana de Gina en la empresa, y fue idea de Sandra, que para entonces llevaba cinco años ahí y acababa de hacer algo que nunca había hecho: recomendar a alguien.

—Pongo la mano al fuego —le dijo al jefe de recursos humanos—. La conozco del diplomado. Es la persona más seria que pasó por esa aula.

Gina resultó mejor que la recomendación. En un año ya manejaba las tres cuentas más difíciles del área.

En marzo renunció el gerente comercial y Sandra quedó como jefa encargada "mientras se define". La convocatoria se abrió por dentro y por fuera, y un lunes publicaron la terna final: Sandra Pinzón, Gina Restrepo e Iván Rueda, un externo que viene de una multinacional.

En el almuerzo de ese viernes hicieron chistes.

—Si quedas tú, me subes el sueldo.

—Si quedas tú, ni se te ocurra subírmelo de una vez, que se nota.

El miércoles siguiente, la directora general citó a Sandra en su oficina. Amparo no da rodeos.

—Necesito un informe comparativo de la terna. Objetivo. Fortalezas y riesgos de cada perfil. Usted conoce el área mejor que nadie.

—Yo estoy en la terna.

—Por eso mismo. Inclúyase. La manera en que se evalúe usted también me dice algo. El lunes a las nueve.

Sandra sabe de Gina cosas que no están en ningún expediente. Sabe que fue Gina quien salvó la cuenta de Droguerías del Norte cuando el sistema duplicó los pedidos, un sábado, sin cobrar horas extras, y que dejó que el mérito se lo llevara el coordinador de logística porque "para qué pelear por eso". Sabe que estudia una especialización de noche y no lo cuenta para que no parezca que está cobrando por adelantado.

Y sabe una cosa más. Una noche, hace como un año, en la cocina de Gina, con la segunda botella de vino abierta, Gina le contó que en su trabajo anterior, una distribuidora de alimentos, despachó un lote con las fechas mal etiquetadas. El reclamo llegó, el error lo absorbió un compañero al que de todas formas iban a sacar, y ella dejó que así fuera. "Nunca se lo había contado a nadie. Ni a mi mamá." Y después, riéndose sin risa: "Por eso ahora reviso todo tres veces. Por eso no me equivoco".

La gerencia en juego maneja, entre otras cosas, despachos y lotes.

El viernes, Gina llegó al almuerzo antes que ella, cosa rara.

—Amparo te pidió el informe, ¿cierto?

—Ajá.

—Me parece bien. —Revolvió el jugo con el pitillo, mirando el vaso—. Tú eres justa. Por eso te recomendé yo a ti, mentiras, fue al revés. —Se rieron las dos, poquito—. Pase lo que pase, entre nosotras nada cambia. ¿Cierto?

—Nada.

Pagó Gina. Le tocaba a Sandra, pero Gina pagó y no dejó que discutieran.

El domingo en la noche, en el escritorio de su casa, Sandra tenía dos archivos: informe_terna_v1 e informe_terna_v2. La diferencia entre los dos eran cuatro líneas en una casilla. En la v1, el riesgo de Gina decía: "Tiende a asumir cargas ajenas sin escalarlas a tiempo". En la v2 decía eso mismo y algo más, redactado con cuidado, sin nombres de empresas, sobre el manejo de un error de etiquetado en un empleo anterior.

Abrió el correo para Amparo. Adjuntó la v2. La quitó. Adjuntó la v1. La quitó también.

A las once y media seguía ahí, con los dos archivos abiertos y el asunto del correo en blanco.

El jueves, Sandra abrió la plantilla. La fila de Iván salió fácil: fortalezas de manual, riesgos de manual, alta rotación en sus últimos cargos. En su propia fila fue dura: escribió "puede confundir cercanía con criterio" y no lo borró. En la fila de Gina, las fortalezas se escribieron solas. La casilla de riesgos quedó en blanco, con el cursor parpadeando encima.

¿Sandra debe enviar la versión que incluye lo del etiquetado?

Seguir leyendo033 · A los veintidós firmaron en una servilleta que el que ganara más pagaría un viaje si a los treinta y cinco seguían solteros. Él la puso sobre la mesa.hoy004 · Puso cien pesos cada viernes durante seis años. La semana que operaron a su hija, no puso. Ese sábado cayeron veintidós millones.sin votar003 · Su suegro puso el enganche y nunca dijo si era préstamo o regalo. Ahora opina cada mes, y el crédito ya está precargado.sin votar002 · El perro tiene trece años y está sordo. La bebé aprendió a gatear. El viernes apareció una transportadora en el pasillo.sin votarVer el archivo completo →